LO QUE LA MÁSCARA ESCONDE: EJEMPLOS DE CINE I

Quizá a ti también te haya sucedido, notar un día una extraña sensación de vacío interior al que tal vez decides ignorar para tiempo después encontrarte vagabundeando por las estancias de IKEA mientras te preguntas... “¿Qué clase de comedor me define como persona?”. Al menos esto es lo que le ocurrió al protagonista de “El club de la lucha”, antes de que toda su vida se desmoronase...

 

VACÍO INTERIOR

Cuando llegamos al mundo lo hacemos en un orden que ya esta preestablecido por las personas que existían en él antes que nosotros. La sociedad ya posee un código moral en funcionamiento en el momento en que ponemos un pie en ella y nuestra adaptación pasa por aprenderlo y respetarlo.

El problema es que este código no siempre nos respeta a nosotros (nuestra naturaleza individual o necesidades particulares), y no todos sabemos manejar bien el conflicto que ello plantea. Algunas personas, en su intento por encajar, comienzan a negar facetas de su personalidad hasta que llega un punto en que lo único que les queda es la máscara con la que se presentan en sociedad (su ego o yo social). Es entonces cuando anida en ellos el sentimiento de angustia o vacío interior que comentamos y del que tratan de evadirse como pueden (a través del consumismo, focalizando su atención obsesivamente en otros objetos, como por ejemplo “la perfección”, etc) sin que, por regla general, obtengan muy buenos resultados.

Al final dicho sentimiento de vacío no es más que una sublevación de su ser ante la mutilación interna sufrida, ante la pérdida de su totalidad.

Carl Jung denominaba “SOMBRA” al conjunto de aspectos de nuestra personalidad que reprimimos durante el proceso de adaptación social y de los que, con el paso del tiempo, terminamos olvidándonos. Él consideraba que esta compleja amalgama de emociones reprimidas genera una tensión psicológica enorme en el individuo que puede desencadenar graves consecuencias en su vida (ej depresión, auto-sabotaje, etc). 

El psiquismo humano se compone de luz y oscuridad y de un interminable número de opuestos fluctuantes que generan un estado de tensión psicológica” (Carl Jung)

 

SOMBRA DE JUNG EN EL CINE

En este post y el siguiente vamos a hablar de dos personajes que llevaron su represión demasiado lejos y que nos ayudan a comprender la importancia de aceptarnos a nosotros mismos. Me refiero a “Nina Sayers” y “narrador”, los protagonistas de las películas “Cisne negro” y “El club de la lucha”, respectivamente.

Como el tema da para rato, en esta primera parte vamos a centrarnos en la historia de Nina, en cómo se desenvolvieron los acontecimientos y qué podría haber hecho para sentirse mejor consigo misma.

 

CISNE NEGRO”

NINA (Cisne blanco o ego perfeccionista)

Nina es una chica dulce, obediente y perfeccionista que se ha criado en un ambiente muy estricto, determinado por las normas de su compañía de ballet y las de su madre, una mujer inestable cuya carrera de bailarina se vió frustrada y que ahora trata de realizarse a través de su hija.

Elegida protagonista de la gran obra “El lago de los cisnes”, Nina se encuentra en estos momentos ante el difícil reto de interpretar los dos roles en que se divide su personaje, la reina cisne. Por un lado tenemos al cisne blanco, símbolo de la pureza y virginidad, y por otro al cisne negro, alegoría de la sensualidad y lo indómito.

Como ya suponemos, es el segundo el supone un desafío para Nina, quien necesitará atravesar todo un proceso de “break down” -una ruptura de su coraza de “niña buena” y de sus esquemas mentales- para alcanzar el “break through” que libere su potencial creativo, hasta entonces reprimido.

Let it go, loose yourself” “The only person standing in your way is you”

 

LILY (Cisne negro o Sombra)

Lily es una chica alegre, distendida, sensual... Un espíritu libre que ha salido indemne del proceso de adaptación social. Y es, precisamente, por esas cualidades que Nina la escoge como chivo expiatorio en el que proyectar su sombra (su yo reprimido).

Aunque en un inicio se resiste a entablar amistad con su salvaje compañera, al fin un día accede a salir con ella, y entonces sucede... ambas terminan acostándose (o eso cree nuestra protagonista, que para ese punto apenas distingue la realidad de sus propias proyecciones). El acto sexual simbolizaría la liberación de todas las cualidades reprimidas de Nina, la emergencia de su sombra a la superficie, pero el problema es que este proceso ha ocurrido de forma intempestiva y nuestra protagonista no ha tenido tiempo de digerirlo... Ha abierto la “caja de Pandora” demasiado rápido, sin estar preparada para los males que albergaba dentro y las consecuencias serán desastrosas.

Su madre ya parece presagiar la tragedia cuando le advierte No podrás manejar esto” (que en el contexto que estamos comentando significaría “no eres lo suficientemente fuerte como para sostener la tensión de tu sombra”).

Por fin llega el gran día del estreno, y en el interior de Nina se inicia una lucha a muerte entre su recién liberada sombra (su cisne negro) y su ego (su cisne blanco), que concluye con la victoria de la primera. A continuación vemos a nuestra protagonista dirigirse hacia el escenario moviéndose de forman inusual, como intoxicada por su propio poder. Un torrente de energía recorre todo su cuerpo y siente la enorme fuerza de la libertad recuperada. Empieza el último acto y Nina se funde con la música. El público la ovaciona. Y entonces lo siente... ha alcanzado la perfección.

 

Vamos a lo práctico: ¿Qué tendría que haber hecho Nina con sus sentimientos contradictorios?

Las personas perfeccionistas como Nina poseen un ego muy exigente que vive obsesionado con cumplir las normas externas y más focalizado en “parecer” que en “ser”. 

 

LO QUE NINA NECESITABA ERA:

  • Conocerse bien a sí misma, y reconocer, por tanto, la existencia en ella de las cualidades que rechaza (soy “dulce”, pero también siento ira, etc).

  • Aprender a ser compasiva con esas cualidades.

    Los perfeccionistas no se dan tregua. Necesitan crear en su Psique una figura mediadora, el Sí mismo (o yo adulto) que armonice las exigencias de la sociedad con sus necesidades particulares, instaurando un estado de democracia interna en el que todos los rasgos de su personalidad sean bienvenidos y tengan voz, aunque no necesariamente se actúe conforme a ellos. 

  • Darse tiempo para ir asimilando los cambios que se van produciendo en su estructura mental a medida que integra sus cualidades reprimidas. Tener paciencia y dejar que se asienten a su ritmo.

Si quieres cambiar algo primero tienes que aceptarlo”

Ya, pero ¿cómo nos damos cuenta de los aspectos que tenemos reprimidos?

El secreto está en fijarse en las proyecciones que hacemos, y para saber cuándo estamos proyectando sólo tenemos que observar cómo reaccionamos ante la personalidad de las personas con las que tratamos. Si ante sus características negativas (ej su egoísmo, su arrogancia...etc) no se nos remueve nada por dentro, es que no estamos proyectando. Si, por el contrario, esos rasgos de su personalidad nos incomodan, indignan o incluso sacan de quicio, es que estamos ante cualidades que en su día decidimos -tal vez inconscientemente-que bajo ningún concepto queríamos que formasen parte de nosotros y los reprimimos, enviándolas a la sombra. Es decir, en este caso estamos proyectando en la otra persona nuestro propio material interno.

Al final, como decía Jung, tal vez sea mejor ser completos que ser perfectos...

 

Si te ha interesado este post, no te pierdas el segundo, donde conoceremos al protagonista de “El club de la lucha” en el momento más extraño de su vida... ;)